20 de noviembre: día internacional de los derechos del niño
El día 20 de Noviembre ha quedado institucionalizado como Día Internacional de los Derechos del Niño, o Día Universal de la Infancia. Es una fecha que nos hace recordar que un niño no es solamente un ser frágil que necesita que se le proteja, sino también una persona que tiene el derecho a ser educado, cuidado y protegido dondequiera que haya nacido. Un niño es una persona que tiene el derecho a divertirse, a aprender y a expresarse. Todos los niños tienen el derecho de ir a la escuela, a recibir cuidados médicos, y a alimentarse para garantizar su desarrollo en todos los aspectos. Convenir significa estar de acuerdo acerca de algo y tomar una responsabilidad ante lo que se “conviene“. La Convención de los Derechos del Niño es un conjunto de normas acordadas que deben respetar todos los países que la firmaron y ratificaron. Esta Convención fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989.
¡Felicidades! Se aproxima tu día y hay que celebrarlo en grande. Detrás de esta gran fiesta existe una importante razón por la cual se creó el Día. Veamos por qué: A partir de 1954 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) requirió que todos los países declararan un día del año para celebrar el día del niño. Esto con el fi n de evaluar el estado de la niñez y tomar las medidas necesarias para suplir lo que les hace falta. En la fecha declarada por cada país, el gobierno debe reunirse de forma individual, y revisar de acuerdo con la Declaración de los Derechos de los Niños (1959), si estos se están cumpliendo en todo el territorio.
Aprovecha este día al máximo, da las gracias por lo afortunado que eres y todo lo que la vida te ha regalado, aprecia a tus amiguitos aún más y ¡disfruta de tu niñez!
El Greco (el griego) nació el 1 de octubre de 1541 en Candía, Creta.
Posiblemente realizó estudios de pintura en su pueblo. Desde muy joven su producción está vinculada a las tradiciones bizantinas, con influjos
italianizantes. Sobre el año 1566, viaja a Venecia, donde permanece hasta el año 1570. Allí recibió las influencias de Tiziano y Tintoretto. Sus obras en este periodo, como La curación del ciego
(c.1566-c.1567, Gemäldegalerie, Dresde) exponen el colorido de Tiziano,
así como la composición de las figuras y espacios amplios de gran
profundidad, de Tintoretto.
Ya en Roma, de 1570 a 1576, siguió inspirándose en los italianos como Michelangelo Buonarroti, evidente en su Pietà (c.1570-c.1572, Museo de Filadelfia). Anunciación
de época italiana (c.1567-c.1577, Museo del Prado, Madrid) pudo ser
pintado en Roma, aunque revela la huella de Venecia, tanto en el
colorido como en el modo de estudiar el espacio. En la ciudad conoció a unos españoles relacionados con la catedral de Toledo y quizá fueron ellos los que le persuadieron para que viajara a España.
Llega a Toledo en la primavera de 1577. En esta ciudad desarrolló su personal manera de pintar. Manierista, pero de gran vigor expresivo, aparece también vinculado a la España de la Contrarreforma. Recibió el primer encargo de la iglesia de Santo Domingo el Antiguo y se puso a trabajar en La Trinidad (c.1577-1579, Museo del Prado, Madrid). Una composición basada en un grabado de Alberto Durero. También como retratista fue muy considerado. Uno de los máximos exponentes de esa labor es el famoso cuadro El caballero de la mano en el pecho (c.1577-1584, Museo del Prado).
Tenía mucho interés en realizar los frescos para el nuevo monasterio que se construía en El Escorial, y cuyas obras acabaron en 1582. Envió pinturas al rey Felipe II, pero no consiguió el encargo. Uno de los cuadros que envió, Alegoría de la Liga Santa
(c.1578-c.1579, versiones en El Escorial y la Galería Nacional de
Londres), evidencia su habilidad para mezclar la iconografía política
con motivos medievales. Sólo realizó para el monasterio el cuadro San Mauricio y la legión tebana. Para la catedral de Toledo realiza El expolio (c.1577-c.1579), obra hecha para la sacristía, una espléndida imagen de Cristo, rodeado por los que le han prendido.
En 1586 pintó una de sus obras maestras, El entierro del conde de Orgaz, para la iglesia de Santo Tomé
de Toledo. Esta obra, que aún se conserva en su lugar de origen,
muestra el momento en que san Esteban y san Agustín introducen en su
tumba al noble toledano del siglo XIV. En El entierro se aprecia el
alargamiento de figuras y el horror vacui (pavor a los espacios
vacíos). Estas características se asocian con el manierismo que se mantiene en la pintura del Greco aún después de desaparecer en
el arte europeo.
El Greco tenía en Toledo una gran casa en la que recibía a miembros de la nobleza y de la elite intelectual, como los poetas Luis de Góngora y Fray Hortensio Félix de Paravicino,
cuyos retratos pintó entre 1609 y 1610, actualmente se encuentran en el
Museo de Bellas Artes de Boston. Pintó también algunos cuadros de la
ciudad de Toledo, como Vista de Toledo (c.1600-c.1610, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York).
En las obras El bautismo de Cristo (1596-1600) y La adoración de los pastores
(1612-1614), ambos en el Museo del Prado, parecen vibrar en medio de
una luz misteriosa generada por las propias figuras sagradas. Trató
temas de la mitología clásica, como el Laoconte (c.1610-c.1614,
Galería Nacional, Washington), y los del Viejo Testamento, como el de
la obra inacabada que muestra la escena apocalíptica de El quinto sello del Apocalipsis (c.1608-c.1614, Museo Metropolitano).
Falleció en Toledo el 7 de abril de 1614 y fue enterrado en la iglesia de santo Domingo el Antiguo.